viernes, junio 12

LA MAMÁ FLOJA

Había una vez una mamá muy, muy floja.

La mamá floja era tan floja que estaba decicida: «¡Cuando nazca mi bebé, no trabajaré, me dedicaré a él!». ¡Pero qué floja! Acortó gastos: dejó de salir en las noches, dejó de comprar su mermelada de cerezas silvestres, dejó de ir al cine todas las semanas y ya no era tarjeta Oro; dejó de comer pollito a la brasa de los caros deliverys y pasó a comprar pollito en el supermercado de la esquina. Todo con tal de quedarse en casa, tirada en el sofá con el bebé encima. El bebé lo amaba, la tenía solo para él y se notaba el vínculo que desarrollaron los dos.  Algo de «apego», decía.

La mamá floja era tan, pero tan floja que estaba determinada: «No voy a levantarme en las madrugadas cada hora a calentar aguita para hacer el biberón». Se enteró de que la leche materna era lo único que el bebé necesitaba. Decidió dar solo pecho al niño hasta los 6 meses. ¿Pero ni una aguita? ¿La manzanilla pa’ los cólicos? ¿El anicito? No. Aún así, el bebé crecía y pesaba muy bien, ¡tenía músculos!  Algo de «lactancia exclusiva», decía.

La mamá floja era tan recontrafloja que sacaba su teta y la ofrecía cada vez que el bebé pedía. Es que de tanta pereza que tenía, no podía estar escuchando llorar al bebé de hambre y mirando al reloj cada 3 horas para darle de comer. No, no, era trabajoso, requería una logística impensable. Cada vez que el bebé lloraba, ella le ofrecía el pecho. El bebé se consolaba y se calmaba no importaba cuánto tiempo estuviera en el pecho de su madre. Algo de «libre demanda», decía.

Para colmo, la floja esa se echaba en la cama toda desparramada con su bebé para amamantar. ¡Así es, en la cama! No en el carísimo y bonito sillón de lactancia puesto cómodamente en la sala, frente al televisor; no en una butaca especialmente diseñada para el cuarto del bebé. No, no, se echaba en la cama a relajar, dizque. Ella y el bebé relajando. Había decidido desde el embarazo que no se pararía cada hora para ir al cuarto del bebé en la madrugada; y se mandó hacer una especie de camita a la altura de su cama, y la puso a su costado. El bebé dormía tranquilito al lado de la madre, nunca lloraba, y la mamá floja podía seguir dando teta en su cama a cada murmullo del bebito, y dormir la noche en paz, sin pararse. El bebé se sentía en el útero materno, con el calorcito de su mamá y el pecho cerca, era el paraíso dormir juntitos. Algo de «colecho», decía.

Para colmo, la floja esa se echaba en la cama toda desparramada con su bebé para amamantar. ¡Así es, en la cama! No en el carísimo y bonito sillón de lactancia puesto cómodamente en la sala, frente al televisor; no en una butaca especialmente diseñada para el cuarto del bebé. No, no, se echaba en la cama a relajar, dizque. Ella y el bebé relajando. Había decidido desde el embarazo que no se pararía cada hora para ir al cuarto del bebé en la madrugada; y se mandó hacer una especie de camita a la altura de su cama, y la puso a su costado. El bebé dormía tranquilito al lado de la madre, nunca lloraba, y la mamá floja podía seguir dando teta en su cama a cada murmullo del bebito, y dormir la noche en paz, sin pararse. El bebé se sentía en el útero materno, con el calorcito de su mamá y el pecho cerca, era el paraíso dormir juntitos. Algo de «colecho», decía.

La mamá superhiperfloja no soportaba perder toda la mañana del sábado en la cola del supermercado, con el carrito lleno de paquetitos y el bebé gritando, mientras el esposo se estresaba y las personas la miraban feo. Además, en la tarde tocaba ir a pasear con el bebé, y ella ya estaba cansada. Se ingenió un atajo: la floja decidió unir dos cosas en una. Se despertaba temprano, cogía una bolsa resistente cualquiera y se iba de paseo por el barrio, en familia. Pasaban por la playa, cruzaban por lindos puentes, caminaban por veredas de piedras y por encima de vías expresas. Enseñaba a su bebé qué es el mar, los árboles, los niños, la gente, los carros y los pájaros. Iban a la feria. Se compraban montones de verduras y productos naturales, de los que ni siquiera se tienen que remojar con lejía, pues no tienen pesticida. Comida de flojos, que no da trabajo. El sábado pasó a tener una linda mañana en familia. Algo de «orgánicos», decía.

La mamá era tan reflojaza que descubrió que no era necesario cargar aquel enorme cochecito de bebés para todos sitios, armarlo, desarmarlo, meterlo, sacarlo, empujarlo, guardarlo. Descubrió que podía llevar al bebé dentro de un portabebés que no le cansara la espalda – es que era floja, pues – y, además, tranquilizaba al bebé. ¡Oh Dios! Era prácticamente la gloria. Ella podía ir a los lugares sin mucho trabajo o esfuerzo, incluso hacer sus tareas en casa (y veces hasta trabajaba con el bebé ahí dormidito…shhhhh). ¡Qué perezosa! Y mientras regresaba de la feria los sábados, le daba la teta a su bebé. Pero de tan requetefloja, ni siquiera se sentaba cómodamente en una banca a lactar. No, no. Su bebé tomaba teta dentro de esa especie de paños enrollados a su cuerpo. El niño no lloraba, tenía poquísimo o casi ningún cólico, dormía rico, estaba más atento que los otros bebés, y la mamá estaba más feliz que nunca. Algo de «porteo», decía.

La mamá flojísima tenía tanta flojera que se cansaba de recorrer todos los meses boticas y supermercados detrás de promociones de pañales. Tenía que estar atenta a los catálogos, corría para acá y para allá; a veces, no había pañales en el supermercado en que iba, y tenía que ir a otro. Gastaba taxi, gastaba energía. Aaaah… qué flojera, sentía la mamá. Hasta que descubrió unos pañales de tela modernos que se podían meter a la lavadora… ¡y a la secadora! Descubrió que ahorraría algo de 4000 soles en pañales o más. Descubrió que ahorraría en cremas para escaldaduras, y tenía que ahorrar, porque la muy floja había decidido dejar de trabajar. Los pañales de pila iban a una batea con agua y jabón durante el día, los de caquita a otra. Se gastaba solo 30 segundos en meterlos al agua, y unos dos minutos en la noche para meterlos en la lavadora. Además, estaba siendo consciente con el medio ambiente, evitando el acumulo excesivo de basura no biodegradable. ¡La gloria! Algo de «pañales ecológicos», decía.

Cuando su bebé empezó a comer, la réqueteréqueteflojisimaza, en vez de ir a licuar la comida para su bebé, solo la aplastaba con un tenedor. Lo dejaba sentir las texturas, experimentar. En vez de luchar para que no se ensuciara, pelear, estresarse, la mamá, flojita como era, lo dejaba comer solo, coger la comida con la mano y comer lo que quería, cuando quisiera. El tiro le salía por la culata, porque tenía que limpiar el suelo, después. Pero como estaba relajada de todo el día de cariños con el bebé,  los pechos llenos de leche, el bebé bien alimentado,  tranquilo, bien dormido y sin escaldaduras… no era ningún sacrificio barrer medio metro de suelo, limpiar una boquita linda sucia de papa amarilla y bróculi mientras se ríen en el espejo del baño de alguna payasada del momento, o hasta aguantar el malhumor de su retoño a causa del nacimiento de los primeros dientes. Además, cuando el bebé se dormía a las 6:30 de la tarde, la floja podía avanzar un trabajito extra o echarse a ver una película con el esposo. No había nada más perfecto. Algo de «introducción alimentaria natural», decía.

Más felices no podían estar la mamá y su bebé: se veían activos, hacían todo juntos, se vinculaban cada día más. ¡De floja la mamá no tenía nada! Cuando se dio cuenta, estaba investigando muchísimo sobre todo. Pediatras, ginecólogos, doulas… descubrió un mundo nuevo y respetuoso.

¿Qué fue de la vida de la mamá floja y su bebé?

Están decidiendo si mañana van al parque a las 10 de la mañana o si se sacan una siestita en ese horario y patean el parque para más tarde. Porque da flojera tener que poner la diversión dentro de una rutina, ¿no?



miércoles, abril 15

MONUMENTO AL NIÑO NO NACIDO

El 28 de octubre del año 2011, en Eslovaquia, se inauguro "El monumento del niño no nacido" obra de un joven escultor de ese país. El monumento expresa no solo el pesar y arrepentimiento de las madres que han abortado, sino también el perdón y el amor del niño por nacer hacia la madre.

La estatua es obra del joven escultor eslovaco Martin Hudáčeka que "sorprende por su realismo y poética expresividad".

"El niño parece esculpido en cristal, mientras se arrodilla a su lado una madre arrepentida que se representa en piedra. Materiales por sí mismos bastante metafóricos. A su vez el niño levanta la mano sobre la cabeza inclinada de su madre, en un gesto de amor filial".

Esta fotografía me ha tenido largo tiempo con los ojos empapados en lágrimas y sin aliento. Esta escultura es tan gráfica, tan exacta, tan tan… es tantas cosas. Perder un hijo, haya nacido o no, es la experiencia más dura, cruel y brutal que unos padres pueden vivir.

Cuando la pérdida es de un hijo es no nacido, crea en la madre una vacío abismal, dejando la sensación de la falta de un miembro, de que algo ha sido arrancado y que el dolor y el espacio dejado estarán ahí siempre. Son trocitos del corazón arrancados a pedazos.

Da lo mismo el tiempo de gestación, somos madres desde el minuto 0 y aunque nuestro entorno quiera quitarle importancia e intente mitigarlo, ese dolor, esa angustia, ese desasosiego nos acompañará siempre. No hay consuelo, aunque tengas más hijos o los tengas después, no hay consuelo.

A mi parecer el monumento es brutal y muy acertado.



martes, abril 7

BIOGRAFIA GABRIELA MISTRAL


En el otoño de 1889, el 7 de abril, nació Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, en el pueblo de Vicuña, actual Cuarta Región.
Lucila tenía tres años cuando su padre, Juan Gerónimo Godoy Villanueva, abandonó a la familia. Sin embargo, ella recogió de él la vocación literaria y sus admirados ojos verdes.
Petronila Alcayaga, su madre, era una mujer pequeña, de carácter muy sedentario y de gran estabilidad. Conversadora interminable, desarrolló una gran comunicación con su hija, quien más tarde recordó cómo aprendió a conocer el mundo a través de las palabras de su madre.
Petronila era ya mayor al nacer Lucila (44 años) y tenía una hija natural de 11 años, llamada Emelina, que ejerció gran influencia sobre Lucila. Petronila falleció en 1929 y Gabriela le dedicó la primera sección de su libro Tala, denominada Muerte de mi Madre.

- Primeros estudios: ¿Retraso mental?

Lucila recibió sus primeras lecciones en casa, con su hermana Emelina, y más tarde en la escuelita de La Unión.
Su madre la envió a Vicuña para terminar la enseñanza básica; a la vez trabajaría como lazarillo de la directora.
Aprendió la primera amarga experiencia de la incomprensión: la directora le diagnosticó "retraso mental" y provocó contra Lucila escenas escolares de enorme humillación. La estrechez económica familiar y el aislamiento de la región, determinaron que su formación fuese autodidacta, guiada por su interés hacia la lectura y hacia la educación.

- Sus primeras publicaciones

En 1904 Lucila colaboró en el periódico El Coquimbo de La Serena, utilizando diferentes seudónimos, como "Alguien", "Soledad" y "Alma", para sus primeros poemas publicados, como Ensoñaciones, Carta Íntima y Junto al Mar.
Los títulos elegidos para sus poemas, así como también los seudónimos con que firmó, expresaron el carácter solitario, introvertido y romántico de la joven poetisa.

- Su "don pedagógico"

Para mantenerse económicamente, Lucila debía trabajar en diversos lugares. Además de escribir sus versos, se em-pleaba como ayudante de profesora en liceos. A los 15 años comenzó a trabajar en un liceo de La Compañía, cerca de Vicuña.
Como maestra se destacó bastante rápido. Su entusiasmo, su fantasía y la facilidad de comunicación con sus alumnos la caracterizarían como poseedora de un "don pedagógico".

- Romeo Ureta

En 1906 ya trabajaba como maestra en la escuelita de La Cantera. Allí conoció a Romeo Ureta, un empleado de Ferrocarriles. Él ha sido conocido como uno de los grandes amores de Lucila Godoy, incluso, como protagonista de algunos de sus poemas. Su vida quedó profundamente marcada en la de Lucila debido a que, en 1909, él se suicidó.
Alone dijo: "Ese amor y la herida que le causó la muerte pueden considerarse el germen de todo lo demás, incluso del Premio Nobel".

- Continúa perfeccionándose

En 1908 Lucila figuró en la antología Literatura Coquimbana de Carlos Soto Ayala. Mientras escribía, en 1910 rindió examen en la Escuela Normal de Santiago y fue profesora primaria en Barrancas.
En 1912 se trasladó al Liceo de Antofagasta, donde enseñó Historia y además fue inspectora general. Ese mismo año fue nombrada inspectora y profesora de Castellano en el Liceo de Los Andes.

- Surge Gabriela Mistral

Su primer gran éxito literario fuera del ámbito regional ocurrió el 12 de diciembre de 1914, cuando obtuvo la más alta distinción en los Juegos Florales de Santiago con sus Sonetos de la Muerte. A partir de entonces comenzó a utilizar el seudónimo de Gabriela Mistral. Eligió el nombre Gabriela por el poeta italiano Gabrielle D'Annunzio, que ella admiraba en esa época. Y sobre el apellido Mistral, existen diferentes versiones que lo explican: una, por el poeta Federico Mistral; y otra versión señala que Mistral proviene del nombre de un viento provenzal.
El paulatino éxito que comenzaba a rodearla fue empañado con la triste muerte de su padre en 1915. En 1917 fueron publicados 55 poemas suyos en los Libros de Lectura de Manuel Guzmán Maturana.

- Un "témpano"

Gracias a la amistad desarrollada entre Gabriela Mistral y el matrimonio conformado por Pedro Aguirre Cerda y Juana Rosa Aguirre, él, como ministro de Educación, la nombró profesora de Castellano y directora del Liceo de Punta Arenas en 1918.
En sus versos se define a sí misma como un "témpano". Su estado anímico se reflejó en la primera parte de Desolación (1922). Su carácter evasivo y a la vez suspicaz, así como también su extremada reserva hacia los asuntos personales, llenaron su vida de misterio.

- Un estilo inigualable

Pero la expresión literaria de Gabriela Mistral no dejó dudas acerca de sus concepciones románticas y religiosas, a la vez que de su gran capacidad imaginativa. Fuerte y enérgico, el castellano adquirió en ella un estilo inigualable.
Nuevamente como profesora y directora se trasladó a un liceo en Temuco, en 1919.

- Viaje a México

En 1922 fue invitada a México por el Ministerio de Educación de ese país, con el fin de participar en los planes de la reforma educacional mexicana, y en la organización y fundación de bibliotecas populares. Fue muy bien recibida y apreciada.
A su cooperación se respondió con varios homenajes como, por ejemplo, la denominación de un colegio con su nombre, Gabriela Mistral. En esos años ya era conocida internacionalmente.
En 1923 publicó Lecturas para Mujeres, en México. La Editorial Cervantes de Barcelona publicó una antología, Las Mejores Poesías.

- Un título merecido

De regreso en el país, la Universidad de Chile decidió otorgarle a Gabriela Mistral el título de profesora de Castellano (1923).
En 1924 se embarcó por primera vez a Europa. Publicó en Madrid Ternura, pequeño volumen de versos dedicados a los niños. Visitó Estados Unidos y otros países de Europa.
Al año siguiente estaba de vuelta en Latinoamérica y recorrió Brasil, Uruguay y Argentina. De regreso en Chile, se le otorgó una pensión y jubiló como maestra.

- Delegada cultural chilena

En 1926 participó como representante de Chile, en el Instituto de Cooperación Intelectual de la Liga de las Naciones en Ginebra. Fue nombrada secretaria de una de las Secciones Americanas de esa misma organización. También estuvo en Suiza en un Congreso de Educadores en Lucarno (1927).
Al año siguiente asistió al Congreso de la Federación Internacional Universitaria de Madrid como delegada de Chile y Ecuador. Meses después le fue asignado un cargo en el Consejo Administrativo del Instituto Cinematográfico Educativo.

- Recorre América

Viajó a Estados Unidos en 1930. En establecimientos educativos de ese país llevó a cabo actividades pedagógicas, como seminarios para la secundaria. Un año después recorrió algunas naciones centroamericanas y antillanas, donde continuó con cátedras sobre literatura. En la Universidad de Puerto Rico desarrolló una charla sobre literatura hispanoamericana. Además realizó otras conferencias en La Habana y en Panamá.

- Carrera consular

En 1932, Gabriela Mistral fue designada cónsul particular de libre elección, trasladándose a Génova. Una vez que declaró su posición antifascista, dejó su cargo. Pero en 1933 fue incorporada al mismo en Madrid y después en Lisboa.
Por su importante cooperación en actividades culturales, y su gran desempeño consular, en 1935, bajo el gobierno de Alessandri, se le designó cónsul de elección con carácter vitalicio, por Ley del Congreso del 4 de septiembre de ese año.

- Literata prolífica

En forma paralela a su carrera consular, trabajaba como colaboradora en El Mercurio de Santiago, Crítica de Buenos Aires, El Tiempo de Bogotá, El Universal de Caracas, y en el Puerto Rico Ilustrado. En 1936 viajó a Oporto y después a Guatemala como encargada de negocios y cónsul general. Viajó por Sudamérica con intervalos hasta 1938.
A Gabriela Mistral le impactó la Guerra Civil española. La racaudación que se obtuvo por la publicación de Tala en Buenos Aires (1938) fue destinada a instituciones que albergaron a niños españoles durante la guerra.
Entre 1940 y 1941 continuó con su trabajo consular. Estuvo en Niterol, Brasil. Luego se estableció en Petrópolis, en las montañas, a 75 kilometros de la capital.
El 14 de agosto de 1943 Juan Miguel -su sobrino Yin-Yin, hijo de Emelina- se suicidó. Fue su peor tragedia, ya que el joven de 17 años había sido adoptado por ella como un verdadero hijo. Viajaba siempre a su lado.

- Premio Nobel de Literatura

El 15 de noviembre de 1945, cuando la mujer no votaba aún en nuestro país, Gabriela Mistral se convirtió en la primera poetisa y literata hispanoamericana galardonada con el Premio Nobel de Literatura. El 18 de noviembre viajó a Estocolmo a recibir esa distinción de manos del Rey Gustavo de Suecia, el 10 de diciembre de 1945.

- Más reconocimientos y consulados

Tras recibir el Premio Nobel, Gabriela Mistral continuó sus labores consulares. En Estados Unidos asumió el Consulado de Los Ángeles, y después en Santa Bárbara. En 1947 recibió el título de doctor honoris causa del Mills College, Oakland, California. Volvió a asumir cargos diplomáticos en México en 1948, en Veracruz.
En 1950 se le distinguió con el Premio Serra de Las Américas. Posteriormente viajó a Génova y a Nápoles, donde asumió otro período consular. En 1953 regresó a Estados Unidos, como cónsul en Nueva York. Ese año participó en la Asamblea de las Naciones Unidas representando a Chile.

- Premio Nacional de Literatura

En 1951 Chile le concedió el Premio Nacional de Literatura. Cinco años después, 1956, tras una estadía en el extranjero, se le organizó un homenaje oficial. Ese mismo año publicó Lagar, reconocido como su obra de madurez.
Afectada de cáncer, Gabriela Mistral falleció el 10 de enero de 1957 en el Hospital General de Hampstead, en Nueva York. Sus restos fueron traídos a Chile el 19 de enero. Actualmente, yacen en el pueblo de Montegrande, en la IV Región.

- Obras

Entre las principales obras de Gabriela Mistral están: Sonetos de la Muerte, 1914; Desolación, 1922; Lecturas para Mujeres, 1923; Ternura, 1924; Nubes Blancas y Breve Descripción de Chile, 1934; Tala, 1938; Antología, 1941; Lagar, 1954; Recados Contando a Chile, 1957; y la obra póstuma Poema de Chile, 1967.
Y algunos de sus poemas más conocidos son: Piececitos de Niño, Balada, Todas Íbamos a ser Reinas, La Oración de la Maestra, El Ángel Guardián, Decálogo del Artista y La Flor del Aire.

( Fuente: www.icarito.cl )



 

DAME LA MANO


Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más...

El mismo verso cantaremos,
al mismo paso bailarás.
Como una espiga ondularemos,
como una espiga, y nada más.

Te llamas Rosa y yo Esperanza;
pero tu nombre olvidarás,
porque seremos una danza
en la colina, y nada más...

Gabriela Mistral.



sábado, abril 4

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN


La imagen de Jesús sonriendo es grata y seductora para sus  fieles y sus preceptos. 

La felicidad nos clarifica el camino de la liberación, del desarrollo de las capacidades. La bondad, el altruismo, la ternura, el amor, están mejores representados en la sonrisa. 

Seguro que Jesús, que era buena persona, sonrió mucho a lo largo de su vida, no se por qué después, los seguidores judio - cristianos de Jesús escogieron quedarse preferentemente con sus imágenes de dolor. 

Prefiero la felicidad y la esperanza. Me reconfortan y me sirven para seguir adelante. Disfruten un día especial, en este dommingo de resurreción.


lunes, enero 12

AQUÍ ESTAN LAS RESPUESTAS (ADIVINANZAS)



La siesta al parecer me salió bastante larga, bueno gracias por su paciencia y aquí están las respuestas:

- Las olas.
-El pez.
- La sardina.
El yate.
- El mar.
- El mejillón.
- El horizonte.
- El delfin. 
- El calamar.
- El caallito de mar.
-El barco.
- E bacalao.