viernes, agosto 3

¿ POR QUE CELEBRAMOS EL DIA DEL NIÑO ?


La Asamblea de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos del Niño el 20 de noviembre de 1959 y, exactamente 30 años más tarde, en 1990, aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño.
 
El objetivo de la reunión de 1959 fue reafirmar los derechos universales del niño y sugerir a todos los gobiernos que celebrararan el "Día del Niño" en la fecha y forma que cada uno de ellos estimase conveniente.

¿Sabes que existe una ley nacional llamada Convención sobre los Derechos del Niño y que está dirigida a todos los niños y niñas del país?
Chile firmó y suscribió la Convención junto a otros 57 países el 26 de enero de 1990. El 10 de julio de ese año, fue aprobada unánimamente por ambas ramas del Congreso y ratificada ante Naciones Unidas el 13 de agosto. El día 14 de agosto de 1990 fue promulgada como ley mediante el Decreto Supremo 830 del Ministerio Relaciones Exteriores, el cual fue publicado en el Diario Oficial del 27 de septiembre de 1990, fecha en que la Convención entró en vigencia en Chile. 

Una convención es un acuerdo entre países que deben respetar la misma ley. Tus derechos se refieren a lo que puedes hacer y a las responsabilidades que tienen los adultos para que seas feliz, y estés sano y seguro.

La Unicef es el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y su principal finalidad es justamente promover la protección de los Derechos de los Niños; ayudar a satisfacer sus necesidades más importantes y otorgarles más y mejores oportunidades. Unicef está presente en 140 países donde trabaja en estrecha colaboración con gobiernos, sociedad civil, iglesias, instituciones internacionales, personalidades de fama mundial y millones de voluntarios.

( Fuente: todohijos.cl ) 



MITOS Y LEYENDAS DE CHILE: LA AÑAÑUCA




La Añañuca es una flor típica de la zona norte de nuestro país, que crece especificamente entre Copiapó y el valle de Quilimarí, en la región de Coquimbo. Pocos saben que su nombre proviene de una triste historia de amor.

Cuentan que en tiempos previos a la Independencia, cuando el Monte Patria de la tierra alta todavía era conocida como Monte Rey, habitaba allí una flor de carne y hueso, una bella joven indígena de nombre Añañuca,

Añañuca era tan hermosa que todos los hombres querían conquistarla, pero nadie lograba adueñarse de su corazón. Así transcurría el tiempo, hasta que un día, llego al pueblo un joven minero, gallardo y buen mozo que pasaba por allí en busca de un tesoro.

El joven quedo prendado de la belleza de Añañuca, y lo mismo le sucedió a ella con el. Los dos, perdidamente enamorados, decidieron unir sus vidas y vivieron felices durante un tiempo.

Pero una noche, el joven tuvo un sueño en el que un duende le avisaba del lugar secreto donde se encontraba el tesoro que por tanto tiempo había buscado. A la mañana siguiente, el muchacho partió en su busca, sin avisarle a nadie, ni siquiera a su esposa.

Pasaron los días, las semanas, los meses, y el joven minero nunca regreso. Se llego a la conclusión que su joven esposo había sido víctima del espejismo de la pampa, o de algún temporal, causando su desaparición y presuntamente, su muerte.

Con un dolor tan inmenso que no le cabia en el pecho por la perdida de su amado, Añañuca perdió las ganas de vivir y finalmente, también murió.

Un día de incansable y suave lluvia, los pobladores llevaron el cuerpo de la joven a su sepultura en un lugar de la montaña, pues pensaron que así ella lo hubiera querido.

Pero al día siguiente, con la salida del sol, los mismos vecinos amanecieron y presenciaron un sorprendente suceso. El lugar del Valle donde había yacido el cuerpo de la joven, estaba ahora cubierto por una abundante capa de hermosisimas flores rojas.

Es por ello que la leyenda asegura que Añañuca se convirtió en flor, como un gesto de amor a su amado, pues de esta manera permanecería siempre cerca de el.

Así fue, que se otorgo a esta bella y desconocida flor, el nombre de Añañuca, flor a la que actualmente también se le conoce como " flor de la sangre ", tanto por su color, como por la tragedia y perdida de dos jóvenes vidas.

Una variación de esta leyenda cuenta que el joven era un soldado de origen español, que se enamoro de la princesa indígena a pesar de las barreras que les separaban, cautivado por su belleza.

Una noche, soldados que desaprobaban la conducta del joven, lo siguieron hasta encontrar el lugar donde se veían a escondidas y lo apartaron del lado de la joven, dejándola inconsciente.

Añañuca decidió ir tras su amado, pues sabia que se lo habían llevado por el desierto rumbo al Perú. Durante días, soporto el frió punzante de la noche y el insoportable calor del día, andando hasta que las piedras del camino le hicieron heridas en los pies, dejando a su paso, un camino de sangre.

Nunca se rindió. Su sufrimiento era demasiado, pero seguía adelante, hasta que sus fuerzas la abandonaron y cayó sin vida en medio del desierto, en un lugar entre Copiapo y Vallenar.

Cuentan que la arena y el viento envolvieron su cuerpo, y ese mismo año, ocurrió el milagro. Al llegar septiembre, el camino de sangre se había cubierto de flores rojas, a las que se les bautizo con el nombre de Añañucas.

Así, la Añañuca, además de ser una flor única, bella y delicada, representa una triste leyenda pero a la vez una gran historia de amor.


( Fuente: Oreste Plath, Geografia del mito y la leyenda chilenos )


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